Yo cambio, tu cambias, todo cambia

Cambiar o aceptar los cambios no significa renunciar a lo bueno que hemos atesorado en la vida: ideas, sueños, hábitos, experiencias, tal como el cosmos y la naturaleza las ha ido guardando para regalárnosla.

Quisiera compartir algunas ideas sobre un tema que suele aparecer en algunas publicaciones. Me refiero a los cambios, esos que pasan por nosotros y nos asustan e incomodan. -“¿Te fijas como está el marido de la Marta? ¡Qué cambiado está!”-. Claro, cambiamos y nos ven cambiado. Eso en el aspecto exterior, en nuestro cuerpo. También sentimos que hemos modificado algunas costumbres y sentimientos a medida que han pasados los años. Tenemos otras emociones y hasta somos más tolerantes con las lágrimas y dejamos que ellas empañen nuestros ojos. Siempre cambiamos naturalmente; crecer es cambiar. Desde el big bang, el universo es un continuo movimiento sin cesar, con una armonía grandiosa… tal como nuestro cuerpo, verdadero universo que desarrolla la vida en completo orden. Los que somos más mayores nos sobreviene el temido desgaste y sentimos dolores. Puedes hacer que te quiten el dolor, que es algo indeseado. Sin embargo también el dolor es positivo en nosotros y en los animales ya que puede avisarnos dónde ha ocurrido un accidente pequeño o grande o te previene de una enfermedad para ser curada. Se dice que debemos aprender a escuchar y conversar con nuestro cuerpo.

Hemos llegado a la etapa de la vida en que nos consideran y nos consideramos como adultos mayores. Esta bien. Nos dan el asiento en el metro, en el mejor de los casos, en la salud pública o privada nos atienden especialmente, hay programas de prevención, de entretenimiento con bailes y ejercicios especiales, acorde con el cuidado de nuestra salud física y mental. Sin embargo, a pesar de lo dicho, estamos, unos más que otros, muy susceptibles de lo que nos podría suceder en un futuro cercano. Nos preocupan las enfermedades que tenemos y las que puedan aparecer tanto porque las sufrimos como que algunas son de alto costo. Incluso tengo amigos que se sienten agobiado por la muerte y por lo que ella deparará. Muchos sufrimos esas molestias como dolores en la región lumbar, nuestro carácter se pone malhumorado, la fuerza se ha ido perdiendo, se nos presentan algunos mareos, Pero los cambios no sólo son negativos pues también hemos obtenido pequeños y grandes logros: Somos más sabios, más prudentes, comprendemos mejor a los demás y, algo importante, hemos desarrollado un poco más el sentido del humor, indispensable en nuestra edad y bienestar espiritual.

Cambiar o aceptar los cambios no significa renunciar a lo bueno que hemos atesorado en la vida: ideas, sueños, hábitos, experiencias, tal como el cosmos y la naturaleza las ha ido guardando para regalárnosla.

Y ahí está el secreto de una buena vida para los seres de todas las edades, especialmente -creo yo- para los mayores: Saber regalar el tesoro de persona que somos sin desestimar los cambios profundos que se producen en nosotros, en nuestra cercanía y en la sociedad es, definitivamente, una hermosa forma de vivir bien. Ayer pasó raudamente. Aprovecha el día de hoy y regala el encanto de tu mirada, abraza con ganas y alegría, escucha a quien te habla de sus enfermedades y achaques pero tú háblale como al pasar de alguna tuya, ya que conviene más pensar en tu casa calentita en el frío invierno o abrir las ventanas al sol del verano. Pues sólo hoy vale, sólo hoy vales tú, tu familia y los demás.

Autor: Vicente Corrotea

Fonte: http://andadurasmayores.blogspot.com.br/2016/01/yo-cambio-tu-cambias-todo-cambia.html

 

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